“Después de todo, no era mas que un hombre,
Jaques Marie Emile de apellido Lacan,
que busco a tientas un poco antes de ser Jaques Lacan .
A partir de 1968, hablaba de si mismo,
escribiendo simplemente “Lacan”.
Era confesar que no se confundía como sujeto
con el significante de su nombre propio que
había entrado como referencia en el discurso universal.”[1]
[1] J. A. Miller “Cartas a la opinión ilustrada”. Cuarta carta o discurso al Essoin 2001.
Jaques Marie Emile de apellido Lacan,
que busco a tientas un poco antes de ser Jaques Lacan .
A partir de 1968, hablaba de si mismo,
escribiendo simplemente “Lacan”.
Era confesar que no se confundía como sujeto
con el significante de su nombre propio que
había entrado como referencia en el discurso universal.”[1]
[1] J. A. Miller “Cartas a la opinión ilustrada”. Cuarta carta o discurso al Essoin 2001.
Podemos servirnos de esta cita para introducirnos en una articulación teórica que nos permita reflexionar acerca de la incidencia que tienen en nuestra práctica como analistas los conceptos de nombre propio, suplencia y semblante.
Mi intención es avanzar en el entrecruzamiento de estas nociones teóricas, nuestra clínica y la posición del analista en la dirección de la cura.
Podemos pensar a partir de la construcción de diferentes relaciones entre estos diferentes conceptos.
1-Del nombre propio, al nombre común:
Las palabras de Miller hacen referencia no solo al nombre en tanto que propio, sino también al nombre común.
Lacan solía jugar con este tema decía: “Reduzco mi nombre propio al nombre mas común”,
“Para no nombrarlo solo uno mas, solo un Lacan mas entre otros…”
El nombre de esta forma pasa a ser solo un sustantivo más, pero lo que me resulta mas interesante para interrogar es la destitución de lo propio.
La incidencia del discurso analítico, es operar sobre el nombre propio, pero ubicándolo desde la lectura que realiza Lacan en su seminario 9 sobre “La identificación “del lado del rasgo unario, del trazo, del I del yo, aquello de donde se amarra, se identifica el sujeto.
El sujeto de amarra a un trazo que le viene del Otro, el nombre propio pensado como consistencia fantasmatica, haciendo un Uno de cada sujeto.
Esta podría ser una de las vertientes, una de las operaciones presentes en un análisis.
El pasaje del nombre propio a la destitución subjetiva y el advenimiento de un significante cualquiera que permita el lazo de la transferencia.
2- El nombre propio y la suplencia.
Retomo la idea de establecer un binario de conceptos en oposición y al mismo tiempo poder articularlo con las diferentes estructuras clínicas y posiciones subjetivas.
Para eso hay que dar un segundo paso y diferenciar el concepto de nombre propio para la neurosis donde sabemos que contamos con el significante del nombre del padre a un segundo concepto el de suplencia en la obra de Joyce, en el hacerse un nombre como escritor.
En el caso de Joyce podemos observar una dirección exactamente inversa a la que se presenta en el discurso analítico. “El hacerse un nombre” se nos presenta como una forma posible de compensación de la dimisión paterna en su función.
El padre de joyce renuncia a su función, frente a esta carencia Joyce le adjudica un valor supremo al S1 y transforma el apellido Joyce en algo que hasta el momento no era, se puede decir que algo en el SE SOSTIENE DE SU NOMBRE A EXPENSAS DEL PADRE, no solo se sostiene el sino a toda su familia, esta presente la idea de transcender por su obra y hacer trascender su nombre. (Se podría pensar en oposición a la referencia de Sade cuya Obra esta destinada al ideal de borrar su nombre hasta que no quede el menor trazo, Joyce quiso eternizar su nombre) Esta articulación la menciona miller en los signos del goce Pg. 300.
El tercer binario de términos en oposición que podríamos oponer en la clínica y quizás el mas importante es el que conforman el nombre propio y el semblante.
La introducción por Jaques Lacan de la noción de semblante en la clínica psicoanalítica y su posterior desarrollo por J. A. Miller en su curso “De la naturaleza de los semblantes” Nos da la oportunidad de pensar que existe en común y que es lo que los diferencia, lo que los separa en la clínica.
El uso del concepto del semblante, que Lacan sitúa en su seminario “Encore” es plantear la vía de lo simbólico a lo real.
Los dos conceptos se relacionan con la ex-sistencia es decir en hacer ex –sistir un nombre.
“El padre tiene tantos nombres, que no hay uno que le convenga, sino el nombre, de nombre, de nombre como ex – sistencia, es decir el semblante por excelencia”.
Surge la oposición entre los nombres del padre del lado del semblante y por otro lado el nombre como nombre propio, se establece allí una nueva disyunción.
Hay nombre propio, como trazo, en relación a la escritura, a la marca, es un trazo que designa una relación del lenguaje a lo real.
El semblante con su naturaleza de significante, en su carácter de velo, de velo de nada Des Ser supuesto al objeto, al objeto a.
El semblante le brinda al analista un lugar diferente en relación a la falta ,un lugar ligado a la causa y no un lugar ligado al ideal .El semblante no se reduce a ninguna identificación y surge como efecto del discurso analítico.
Por ultimo pensar el pasaje del nombre propio, al nombre común, respecto de la posición del analista parece ser condición necesaria de la instauración del semblante y de la dirección de la cura.
Resumiendo es el pasaje del nombre propio como S1 de la identificación, al nombre común como Sq significante cualquiera, lo que posibilita el uso del semblante en el dispositivo analítico.
Jorge A. Rodríguez.

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